miércoles, 18 de febrero de 2009

Google nos cuida mas que UTE

Google, la empresa multinacional de origen yankee mas exitosa del mundo, está preocupada por los bolsillos de los uruguayos y las uruguayas, para que gasten menos energía electrica y eso contribuya a vivir en un mundo mas saludable.



Los socialistas y los progresistas de estas latitutes creen que estas iniciativas solo pueden pertenecer a las "masas comprometidas y concientizadas", tarea totalmente agena a la libre empresa.



Google demuestra una vez más que no es así. La empresa existe para satisfacer necesidades de los consumidores y éstos estan bien complacidos de pagar un precio justo si le resuelven tales asuntos. Goolge lo entendió bien y lo ejecuta mejor.



El siguiente artículo nos habla de esta nueva iniciativa de instalar equipos medidores del consumo energético en cada electrodoméstico, para realmente poder controlar sus gastos y tener informacion para poder tomar nuestras propias decisiones racionales.



No necesitamos de un Estado que tome las decisiones por nosotros, que nos compre bombitas de bajo consumo o que nos obligue a apagar la luz. Lo que necesitamos es información objetiva, transparente y a tiempo. Y eso el Estado casi nunca la proporciona. Sí lo hace Google.



Dr. Guillermo Sicardi, MBA



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La nota siguiente es tomada de Neoteo y el articulo completo lo pueden leer en http://www.neoteo.com/Portada/tabid/54/Default.aspx





Nadie puede dudar del compromiso que Google tiene con el medio ambiente, procurando obtener energía a partir del sol a un costo menor que el carbón. Pero ahora, con Google Power Meter, planea meterse en nuestro hogar y efectuar estadísticas de la energía que consume cada uno de nuestros electromésticos.

Estos pequeños medidores registran a cada segundo la cantidad de electricidad que consume cada equipo y esa información es recogida por el ordenador de casa y enviada a los servidores de Google. Luego el usuario podrá entrar a un sitio Web diseñado específicamente para esto y ver, segundo a segundo, sus estadísticas de consumo.







Google, según puede verse en su sitio, proporcionará al menos tres herramientas. La primera de ellas, llamada “Analyze” (Análisis), es la que nos mostrará cuánto nos sale cada secada de cabello, o cada segundo de uso del microondas. La segunda, “Save” (Ahorro) nos dará la información necesaria para que reduzcamos nuestro consumo eléctrico. Y la ultima, "Share" (Compartir) permite por ejemplo que “compitamos” con nuestros amigos para ver quién optimiza mas su factura de electricidad.



Obviamente, Google debe buscar la forma de que tú instales los medidores en cada aparato. Para lograrlo, ya está en tratativas con diferentes fabricantes para que se puedan comprar estos cacharros al menor precio posible. Y conociendo a Google, es posible que el costo sea realmente muy bajo.

Por otro lado, esta especie de “Gran Hermano Eléctrico-Estadístico (MR)” también podrá obtener información del tipo “los televisores marca XX consumen un 35% más electricidad que los YY”. Esta información, sumamente valiosa para los usuarios, puede ser en realidad nefasta para el fabricante YY.

No puede saberse como terminará YY, pero seguramente el planeta será un poco más verde gracias a Google.

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jueves, 29 de enero de 2009

El "corralito" mutual - Miedo a la Libertad

Cual ovejas en un corral, los uruguayos estamos atrapados y a merced de nuestros gobernantes. No somos libres. No nos dejan ser libres. Libres de tomar nuestras propias decisiones. Libres de elegir y concomitantemente libres de acertar y libres de equivocarnos.

Este es el simple esquema que rige la vida de los liberales. Asumen el control de sus vidas, se informan, eligen y se hacen cargo de las consecuencias de sus elecciones. No se quejan si eligieron mal. Aprenden, corrigen el rumbo y vuelven al ruedo.

No es la forma en que actúa un progresista-socialista-colectivista.
Ellos creen que "el Estado" debe tomar las decisiones por los individuos. Que nos debe "proteger" y "guiar". Esta concepción es inmoral: implica el mayor desprecio hacia el individuo como tal en el uso de su razón y su voluntad.

Sin embargo a la gente le gusta que otros tomen las decisones por ellos. Prefieren viajar en el asiento del acompañante a tomar el volante. Es más cómodo. Y si hay un accidente ... el otro tuvo la culpa. El 80% de los uruguayos y las uruguayas prefieren recibir órdenes en vez de recibir más facultades para actuar. El 75% cree que nuestros problemas con por "culpa ajena" y no propia. Y el 63% de los menores de 25 años prefiere ser empleado público frente a sólo un 7% que aspira a ser emprendedor.

El corralito mutual impide que sean los individuos, los clientes o los contribuyentes los que decidan la suerte de las mutualistas mal administradas. No hay sistema justo de premios y castigos. Da lo mismo administrar bien como La Española, que mal como el CASMU.

Lo mismo sucede con el sistema bancario. Era lo mismo depositar el dinero en el Caja Obrera que en el Santander. O mejor dicho, no era lo mismo: el Caja Obrera pagaba más intereses. El problema es que el primero se fundió (luego de 14 años de subsidio e intervención del Estado) y el Santander es hoy el Banco más importante del Uruguay.

Dejemos que la gente elija y se equivoque. Démosle la INFORMACION necesaria para tomar una buena decisión. Y luego que cada uno asuma las consecuencias. Esa es la esencia de la libertad. Y en este país hay muchos que atentan contra ella a diario.

domingo, 18 de enero de 2009

Guerra, paz e hipocresía

por el Dr. Julio Maria Sanguinetti

Senador, Ex Presidente de la República Oriental del Uruguay

Una vez más, la guerra en la frontera de Israel... Ahora no es en el Norte, como en 2006, cuando Hezbolá, un poder militarizado adentro de un débil Estado libanés, se aburrió de tirar misiles hacia el otro lado y llegó al secuestro y la muerte, obligando, finalmente, a la reacción militar del agredido. Hoy estamos en la frontera Sur, la de Gaza, liberada por Israel en el 2005, cuando se pensó que la paz podía alcanzarse comprándola con tierra y, al igual que en Sur del Líbano, retiró su ejército. En esta ocasión no se trata de Hezbolá sino de Hamas, distintos pero idénticos en el proclamado objetivo de la desaparición de Israel.

En su tiempo, Israel informó, reclamó, denunció. Nadie se molestó. Por supuesto, en el Sur del país se vivía bajo el terror permanente y a cada rato había que esconderse en refugios salvadores. Una vez y otra se advirtió, pero los muertos no eran muchos y eran israelíes, o sea los más poderosos, los aliados de los EE.UU. Y, naturalmente, nadie contestó. Hasta que un día hubo que detener la agresión, o por lo menos intentarlo, y los mismos que callaban saltaron como resortes a clamar por la paz, a organizar manifestaciones en todas las capitales por los pobres palestinos sitiados en Gaza, que es -se dice- un "campo de concentración israelí". Lo que no se dice es que si esas fueran las motivaciones israelíes, más sencillo hubiera sido seguir ocupando militarmente Gaza. Lo que no se dice es que la mayoría de esos palestinos viven del trabajo que encuentran en Israel, porque en su territorio, sus enriquecidos correligionarios nunca se propusieron instalar hoteles para turismo o establecimientos que dieran trabajo, expectativas de mejora, creando así -a la vez- el clima de la paz. Merleau Ponty escribió hace años que la capacidad de violencia revolucionaria está en función inversa de lo que se tenga para perder; quien tiene algo, trata de no arriesgarlo, mientras que a quien nada posee todo le da lo mismo. Lo que no se dice es que la mayoría de esos palestinos quiso encontrar un camino pacífico votando una tendencia moderada para su gobierno, pero el Presidente Mahmud Abbas fue acosado y prácticamente depuesto por la mayoría circunstancial del movimiento Hamas, quien parte de la base de exigir la desaparición de Israel.

Se habla de excesos. De respuestas desproporcionadas. La verdad es que la guerra siempre es un exceso, siempre es una barbaridad, en el estricto sentido de la palabra. ¿Qué es, entonces, una respuesta proporcionada? ¿Tirar 3 mil misiles hacia el otro lado con una eficacia mayor y allí sí matar indiscriminadamente? ¿Cuántos muertos hay que esperar para justificar una reacción?

Todo esto quienes primero lo saben son los Estados árabes responsables. Lo tiene claro Egipto, que cierra a cal y canto su frontera con Gaza. Lo tienen bien asumido Jordanía y Arabia Saudita, acusados de complicidad o cobardía por los movimientos radicales, que también operan en contra de su institucionalidad, pretendiendo desplazarlos hacia el sendero ciego del fanatismo y la violencia.

En el fondo, digámoslo con todas las letras, lo sabemos todos. Pero hay quienes creen que sólo se puede posar de "izquierda" si se está contra Israel, porque es el aliado de los EE.UU. en el difícil equilibrio de esa región; que sólo se puede invocar humanismo clamando por una paz que justamente han quebrado quienes aparecen como víctimas circunstanciales de una tormenta que ellos mismos desataron para justificar su propio radicalismo.

Todos los esfuerzos por la paz, naturalmente, son bienvenidos. Pero ninguno tiene el menor sentido si no es sobre la base de que Hamas deponga su objetivo de la desaparición de Israel. Quien de buena fe actúe, primero que intente arrancarle algún compromiso a quienes cierran toda hipótesis de diálogo. ¿Qué diálogo puede haber si una de las partes proclama la desaparición de la otra?

En el fondo, la generalidad reconoce, aunque no lo diga, que esta es la misma guerra de hace 60 años, cuando en 1948 las Naciones Unidas crearon dos Estados, uno judío y otro árabe, que entonces no fue aceptado por quienes decían defender la causa palestina. Si en aquel momento, se hubiera creado este Estado, ¡cuánta sangre se habría ahorrado! La circunstancia de fondo permanece: quienes sustentan la desaparición de Israel, al punto de que cuando algún movimiento cambia su parecer para una línea constructiva, de inmediato es jaqueado por otro radical que le aparece a su costado. Así viene ocurriendo desde la OLP y Arafat, que nació como terrorista y murió como dialoguista. Mientras no se cambien los textos en las escuelas y las prédicas en los templos, sembrando el odio contra el pueblo judío, siempre aparecerá alguien más fanático para continuar este largo conflicto, que ha provocado ocho guerras convencionales y por lo menos dos Intifadas.

Por cierto, los muertos duelen, sean de quien sean. Por supuesto, el ejército israelí, como todos los ejércitos en combate, seguramente comete excesos. Pero no un genocidio, como se afirma con trivialidad, porque si esta fuera la idea es obvio que no habría quinientos muertos ni se harían las sacrificadas operaciones de infantería que se realizan. Bastarían las bombas y los misiles. Los muertos duelen, sí. Pero también la hipocresía de lo "políticamente correcto", la dualidad de quienes no quieren ir al fondo mismo de la cuestión que es el fanatismo, la xenofobia, el antisemitismo, el totalitarismo, el sometimiento de la mujer, el odio proclamado y difundido desde la tierna infancia de quienes -se proclama- nacen para servir a la gloria de Alá en el más allá.

martes, 13 de enero de 2009

Israel, el gran culpable

Israel conyeva una culpa irremediable y la cargará por el resto de sus días. Una culpa que hace insoportable su convivencia en esa región y con esos vecinos. Que lo hace diferente a los demás y por eso le odian. Y se merece ese odio. Se lo merece por hacer sufrir a los árabes, más por el contraste que por sus propios males. Israel es culpable de ser el único país verdaderamente democrático en la región, de respetar la libertad y los derechos individuales y desarrollar a sus ciudadanos en la cultura del trabajo, la innovación y la iniciativa privada.

Esos valores que destacan a los israelíes desde siempre, son la verdadera piedra en el zapato de sus vecinos, sociedades y pueblos tan mileanios como los judíos, pero que siguen viviendo en la miseria, la incultura y el medioevo, a pesar de las impresionantes riquezas naturales que poseen.

Los "pobres" árabes concentran la mayor cantidad de reservas petroleras del mundo, pero sólo las disfrutan unas pocas familias de Jeques. No saben ni entienden lo que es la democracia, la tolerancia, el racionalismo. Hacen un culto de la muerte con el absurdo premio de conseguir "100 vírgenes", una muestra de primitivismo, falta de respeto a la mujer y obscenidad orgiástica. Estan dispuestos a morir - y a matar a otros - para lograr este repulsivo "premio".

Los sistemas políticos que estimulan al individuo a pensar por sus propios medios, que no le "lavan la cabeza" con consignas, ilusiones y odios ancestrales, son los gobiernos liberales. Y por tal motivo esos gobiernos son odiados, atacados y denostados tanto por los marxistas y progresistas del mundo, como por los dictadores de poca o mucha monta, por los fanáticos religiosos y por los totalitarios.

La mayoría de los árabes no saben vivir en libertad. La libertad no está en su esencia. Como no la estuvo durante centurias en Japón, en la China o en la propia Rusia. Y es notorio que Hamas no apunta a educar a su pueblo para la libertad. En cambio Israel - con sus aciertos y sus errores - ya ha dado pruebas que sí lo hace. Y eso, es más que suficiente para saber de que lado de la balanza hay que pararse.

domingo, 23 de noviembre de 2008

El factor Gramsci por Pablo da Silveira

Cuándo podremos decir que la izquierda regional se reconcilió plenamente con la democracia? Una respuesta breve sería: cuando haya roto con Gramsci.

Antonio Gramsci fue el fundador del Partido Comunista italiano. Nació en 1891 y fue perseguido por el régimen fascista de Benito Mussolini. Estuvo preso entre 1926 y 1934. En ese período escribió sus célebres Cuadernos de la Cárcel, donde delineó un conjunto de ideas que tienen influencia hasta hoy.

Gramsci fue visto como un gran innovador, y efectivamente lo era. Contradijo la tesis leninista de que el camino para llegar al poder es la violencia revolucionaria. Reconoció el papel central que los marxistas siempre adjudicaron a la lucha sindical, pero agregó que no era el único medio.

Afirmó el papel esencial de la cultura y sostuvo que era allí donde había que dar la lucha contra el capitalismo: al Estado se lo conquista desde la sociedad civil, sirviéndose de la prensa, el sistema educativo, la industria cultural y, desde luego, la acción sindical y política.

Las ideas de Gramsci sonaban muy heterodoxas para el marxismo-leninismo. Por ejemplo, encerraban un duro cuestionamiento al determinismo económico. Pero en otros aspectos prolongaba las ideas tradicionales, aunque las formulara en un lenguaje nuevo. Y este es el Gramsci que más pesa hoy. Sus críticas a la ortodoxia han perdido importancia porque la propia ortodoxia se ha debilitado. Pero su reafirmación implícita de muchas ideas centrales de la tradición leninista sigue teniendo influencia sobre el modo en que piensa y actúa buena parte de la izquierda.

Una de las ideas tradicionales que Gramsci prolonga es la noción del Estado como fortaleza a ser conquistada. Las instituciones no son el espacio de encuentro de todos los ciudadanos ni el lugar donde arbitramos nuestros conflictos. El Estado es un aparato de poder que debe ser controlado para imponer una orientación política indiscutida.

Los medios son distintos a los de Lenin, pero la concepción del Estado no cambia. Hay una misma negación del pluralismo político y un mismo rechazo a la rotación de partidos en el ejercicio del gobierno. Cuando se logra controlar el Estado, no hay que soltarlo. El fin de un gobierno no es un fenómeno normal sino una señal de debilidad.

Otro punto en el que Gramsci coincide con Lenin es la negación de toda autonomía a la sociedad civil.

Las organizaciones sociales, el sistema educativo, los medios de comunicación y las instituciones culturales deben estar sometidos a la conducción política. Todo se reduce a una guerra de trincheras en la que se va ganando terreno y acumulando fuerzas para la conquista del Estado.

Por eso es importante ir ganando posiciones. Un dirigente sindical no es sólo un dirigente sindical sino un actor político que cumple una misión en un ámbito específico.

El sistema educativo no es el lugar donde se prepara a la gente para vivir su propia vida, sino una herramienta para inculcar modos de pensar y fabricar adhesiones políticas.

Un tercer punto en el que Gramsci sigue siendo típicamente leninista es el modo en que concibe el trabajo de los intelectuales. Sus ideas al respecto se resumen en una expresión que se hizo famosa en los años sesenta: "intelectual orgánico".

El "intelectual orgánico" es una variante de lo que suele llamarse un "intelectual comprometido". Lejos de encerrarse en su torre de marfil, se involucra en los conflictos sociales y se pronuncia permanentemente sobre lo que ocurre.

Pero hay algo más: el "intelectual orgánico" no aspira a servir a la sociedad en su conjunto ni pretende tener independencia de juicio. Se reconoce afiliado a un bando y cumple con la tarea de suministrar munición argumental a su dirigencia política.

Para decirlo en breve, el "intelectual orgánico" es un intelectual que se suicida: mediante un acto dogmático reconoce a sus jefes políticos una lucidez superior a la suya y se somete a su juicio. Lo verdadero es lo que la dirigencia considere verdadero y lo justo es lo que la dirigencia considere justo. Por eso deja de actuar como intelectual y pasa a desempeñarse como funcionario.

La izquierda regional viene recorriendo un largo camino. Primero revalorizó las garantías formales de la "democracia burguesa", tras haber experimentado de la peor manera qué es lo que pasa cuando se eliminan.

Luego (al menos en países como Brasil, Chile y Uruguay) adquirió cultura de gobierno, es decir, descubrió el mundo de complejidades y matices que es posible ignorar mientras se es oposición.

Pero todavía le queda romper con Antonio Gramsci. Sería bueno para todos que eso ocurra.

El País Digital